COMPRENDER

Quizá todos tengamos dos vidas, la que vivimos y aquella otra con la que soñamos.

¿Es la felicidad acercar al máximo esas dos visiones? Puede ser.

Cuando empecé a caminar por la adultez (quiero decir, cuando empecé a tomar mis propias decisiones y con ellas comencé a trazar el camino que sería mi vida) imaginaba mil futuros posibles. A medida que las decisiones eran más importantes desechaba al tomarlas otros caminos que quién sabe qué me habrían deparado.

Hoy estoy aquí: comprendiendo que no tenemos dos vidas, sino muchísimas vidas enlazadas dentro de quien somos.

Simplificar nuestra definición poniéndonos una etiqueta es un ejercicio vano. Porque cada día que pasa y conozco más a las personas y a mí misma, comprendo que estamos construidos con un montón de piezas.

El 2020 será sinónimo de cientos de adjetivos porque cada uno lo hemos vivido de una manera. Para mí significa comprender. Comprender que soy muchas Marías. Comprender que si en 2013 cuando escribí mi primera novela decidí bautizarme como María Jeunet, ahora tendría que adoptar al menos cuatro o cinco apellidos más para definir algunas partes de mí que están a pleno rendimiento ahora.

En 2020 me estrené como madre y volví a verme como hija, porque la maternidad me trajo el acercamiento y el entendimiento de mis propios padres. Regresé al mundo laboral y tuve que trabajar codo con codo con mi compañero de vida en nuestra clínica para de alguna forma reinventarnos, porque un diminuto virus cambió nuestras vidas de un día para otro.

En 2020 he escrito poco, pero he pensado mucho en ello. Y aquí sí sentía tener dos vidas: la que estaba viendo y la que me habría gustado vivir. Cada día tocada sobrevivir y a la par disfrutar con un bebé en pleno confinamiento y después en una realidad extraña marcada por las mascarillas y por ese aroma a alcohol que lo inunda todo y mientras vivía esa vida real, soñaba a ratos con pasarme horas y horas y horas frente a esta pantalla, sentada es esta silla vieja que tanto que me gusta, en esta mi biblioteca, uno de mis lugares favoritos del mundo.

Sí, quizá encontremos algo de felicidad cuando los astros se alinean y nos convertimos en  caminantes de alguno de nuestros sueños. Pero hoy sin duda alguna sé que también se encuentra en comprender que tenemos un cuerpo maravilloso con el que disfrutar, aprender, sufrir, sanar, gozar, sentir… en definitiva; un cuerpo con su cerebro y su corazón con el que vivir nuestro presente.

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