DEJAR DE ESCRIBIR

¿Cuándo empecé a escribir? ¿Por qué un día me senté con mi ordenador y mis manos a plasmar historias en una página en blanco? ¿Por qué ahora llevo más de un año sin escribir ficción?

Así es. La última novela que publiqué (Lo que esconde un penique) ha cumplido ya dos años. Los meses siguientes sí escribí bastante. Coincidió con el final de mi embarazo. Después llegó a mi vida un pequeño sol, mi hijo Lucas. Y poco después el confinamiento domiciliario debido a un coronavirus fue la noticia mundial más relevante.

Esos dos hechos pusieron mi vida del revés. Primero la maternidad. Después el parón forzoso.

¿Qué pasó cuando me convertí en madre?

Para mí no fue un flechazo… Tuvimos un parto dificilísimo (tres días brutales que acabaron en una fea cesárea). Aunque lo más duro llegó después: la recuperación. Pasé tres meses sintiendo que mi mente, o mi alma, se había quedado atrapada en un cuerpo enfermo. Porque así estaba, ahora lo veo. Con la sabiduría que da el tiempo puedo mirar atrás y entenderme.

Pero en esas semanas tan complicadas, tan cansadas, repletas de miedos y dolor, no me entendía. Y eso dolía tanto… Quizá sea lo más angustioso que he sentido en mi vida. ¿Cómo podía estar tan abatida si tenía en casa la cosa más amorosa que había visto nunca?

Ahora sé que tras el parto, somos una versión dolorida y asustada de lo que fuimos. Pero también sé que cuando pasa un poquito de tiempo (en mi caso fueron tres meses), renacemos. Somos más fuertes, más sabias y más resistentes. Y somos conscientes de que tenemos un ser humano maravilloso delante de nosotras. Un pequeño ser humano que es un lienzo en blanco, que es todo potencial. Y esa sensación de velar por su diminuta existencia es lo más maravilloso que he sentido.

La maternidad me hizo volver a entrar en mí. Sí, porque hasta entonces (y esto jamás lo sospeché) vivía para el exterior: para mi trabajo en primer lugar, al que dedicaba unas diez horas diarias. Después mi familia, mi marido, mis amigas, mis aficiones. Pero, yo… ¿dónde estaba yo? ¿Dónde estaban los ratos de reflexión, de sentirme, de vivirme, de descansar, de disfrutar de verdad? Ahora sé que todo eso lo fui perdiendo a medida que cumplía años y dejaba lejos la niñez.

Lucas me mostró cómo recuperar todo aquello. Parece un lienzo en blanco, pero en realidad es un maestro. Cada día nos muestra hacia dónde mirar para reír, para recuperar las alegrías, para vivir con curiosidad y esperanza.

Después llegó el confinamiento. Y qué os voy a contar que no vivierais en vuestras propias carnes… Para mí fue un toque de atención: reaprendí que podíamos vivir con muy poco. Que lo importante de verdad lo llevamos dentro. Esa creencia se había vuelto muy tenue con el ritmo de vida que llevaba antes del confinamiento. El hecho de parar hizo que pudiera reencontrarme con mi interior.

En resumen: un bebé y un coronavirus me llevaron de vuelta al planeta Tierra con todas sus maravillas y fealdades.

Estas líneas tratan de sentar las bases a mi situación actual. Dicho brevemente: No escribo porque ahora no necesito escribir. Sé que volveré a hacerlo porque me provoca tanta felicidad que sería imposible no caer en sus redes. Pero en esta etapa tan repleta de vida y plenitud, no veo cabida para la escritura. Y es que aparcar todo lo que he ganado en estos dos años para encerrarme en una habitación frente a una pantalla, no me motiva todavía.

Al inicio de este texto preguntaba: ¿Por qué un día me senté con mi ordenador y mis manos a plasmar historias en una página en blanco? Porque lo necesitaba. Necesitaba expandir mi vida y mis emociones. Y como no podía meterme en el cuerpo de otras personas para vivir otras vidas, el atajo fue la escritura. Y cuánta felicidad me trajo…

Imagino un futuro en el que vuelvan las horas libres a mi vida y entonces sí, sé que me sentaré otra vez a crear historias. Hasta entonces… sed felices. Buscad a los niños que fuisteis y disfrutad de la vida tanto como podáis.

2 Comentarios

  1. Ayssss María, cuánta sabiduría en tus palabras. Soy muy fan de tus libros, me encantó Lo Que esconde un penique, durante días sentí ese vacío, después de leerlo, imaginaba segundas partes, nuevos personajes y viajes a otros tiempos… ojalá vuelvas pronto a llenar nuestras vidas con tus historias, mientras llega, feliz vida, un abrazo enorme!!!

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    1. Chus, muchísimas gracias, querida. También guardo en un lugar muy especial esa historia, es quizá con la que más disfruté y con la que más libertad tuve al escribirla. Es la historia que me habría gustado encontrar entre las páginas de un libro 😉 ¡¡Gracias por tu apoyo y tus palabras!! ¡Un abrazo y hasta pronto! :*

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