Ser escritor

Este momento en Nueva York, captado así: rápido, entre risas, con un calor tremendo y una humedad envolvente, ocurrió hace casi seis años.

Entonces no tenía ni idea de que publicaría esta imagen con un apellido que no es el mío, es uno que elegí para que otras personas (VOSOTROS, los lectores) conocieran una faceta mía que ni yo misma sabía tener dentro en ese momento. Escritora.

¿Escritora? Eso dicen, sí. Aún me suena raro. Y más, cuando esta increíble parte de mi vida no ocupa el cien por cien de mis horas.

De lunes a jueves llevo puesta una bata blanca, veo a pacientes, trabajo entre libros de nutrición, metabolismo y fisiología, trabajo estudiando alimentos, dietas, procurando mejorar la vida de las personas a través de su alimentación y hábitos.

Seis años después de esa fotografía soy otra persona: sin querer me hice vegetariana, sin querer también me volví un poco más sabía (aunque igual de apasionada), he leído cientos de libros, he viajo bastante, he conocido a docenas de escritores (tanto en persona como a través de sus trabajos), intercambio e-mails con autores a los que he admirado durante años… He publicado tres novelas, tengo otras tantas escritas esperando a que les dé el visto bueno para que vean la luz y sobre todo: tengo la convicción de seguir escribiendo. Es que no podría dejar de hacerlo. ¿Cómo, si cada vez que abro los ojos las ideas invaden mi cerebro…?

¿Qué es ser escritor? Es algo que la mayoría de los escritores nos preguntamos (más los que tenemos dos trabajos).

Ser escritor, ¿implica publicar un nuevo libro cada año? Quizá sí. O tal vez no sea necesario mostrar todo lo que escribimos.

Quizá para ser escritor baste con verter en una página pensamientos que tejen una historia y transmitir con ellos lo más valioso de nuestras vidas: sensaciones.

A lo mejor ser escritor solo significa tener la capacidad de dejar una huella en la mente del lector. Un recuerdo de una historia, de un personaje, hacer que eso que alguien (el escritor) tenía en mente salte a la cabeza y al corazón de otro y cause un pequeño (o con suerte, GRAN) remolino interior.

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