Huir del mundo

15/09/2017

¿No os gustaría huir del mundo? A mí sí. Desde hace mucho y muchas veces.

Hace tiempo que dejé de torturarme con los telediarios: cada vez que encendía la televisión y se recitaban en procesión las mismas noticias cansinas que hacen de nuestro mundo el lugar que es hoy en día, me deprimía. Así que por salud mental decidí no machacarme más.

Es natural, se habla de ello en cualquier manual de psicología básica, que los jóvenes sean optimistas y que su fuerza interior les empuje con fiereza a querer cambiar el mundo, moldearlo según sus ideales, mejorarlo en definitiva. Pero después, dicen los entendidos, esas motivaciones de juventud decaen con los años. Y a medida que uno envejece vamos conformándonos con poco: salud, trabajo y si hay amor, ni te cuento, tendríamos el billete “todo-incluido”.

Yo siempre debí ser una vieja. O tal vez sea solo realista: me cuesta mucho creer que las cosas mejoren.

 

Una vez leí en un artículo en el que entrevistaban a Woody Allen que él opinaba algo parecido a esto: “La vida es una mierda, pero no queremos que acabe”. Me hizo gracia y me dolió a partes iguales. Porque sentí que era una de las frases que mejor nos definía a la mayoría.

Yo querría vivir mil años en lugar de los cien que me propongo, por lo menos. Me gustaría hacer tantas cosas que tendría que llenar páginas y páginas en blanco con mis peticiones. Para arreglar este pequeño problema de intendencia tengo dos trucos infalibles: leer y escribir.

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Ilustración de MARCO PALENA.

 

 

Cuando leo una novela ocurren dos acciones contradictorias simultáneamente: huyo del mundo y vivo la vida. La vivo a través de los personajes encerrados dentro de esas páginas. Y huyo de la realidad con ese bálsamo que es la ficción. Que tiene la magia de hacernos llorar cuando las emociones estallan en nuestras mentes y de hacernos reír, y de hacernos soñar, sospechar, intrigarnos…etc. Evadirnos en definitiva.

Y cuando escribo el proceso entero se multiplica por mil. Me refugio entre ese mundo que estoy imaginando de la nada, me convierto en una constructora de vidas ajenas y las vivo con la misma intensidad que la mía propia. La realidad queda a mi espalda mientras de mis dedos caen letras que son mis ladrillos.

 

Queridos lectores, huid del mundo leyendo (o escribiendo si os animáis). Acudid muchas veces a las librerías de la ciudad este mes de diciembre y regalad muchos libros para vuestros seres queridos. Les estaréis entregando en las manos pura magia; horas de vida y aprendizaje.  

 

Queridos lectores, pronto más.

María Jeunet.

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