Empresarios y sinvergüenzas

26/09/2017

Es impepinable. Igual que cada día se levanta el sol por el Mediterráneo, en España cada vez que uno dedica cinco minutos a ver el telediario o a leer la prensa, se empapa de noticias en las que se habla de ladrones. Pero no de ladrones de monederos, de móviles o de coches. Me refiero a esos a los que equivocadamente llaman “empresarios”.

Si le preguntamos a cualquier español qué es un empresario nos contestará lo que todos tenemos en mente: alguien que generó autoempleo y después o a la vez, trabajo remunerado para otros. ¿Qué queréis que os diga?, a mi eso parece valiente, inteligente y generoso.

Y sin embargo el que responda a la cuestión, quizá también aporte una cierta connotación negativa. Estoy segura de que todos habréis escuchado en boca de alguien (o de la propia) eso de “ese jefe es un cabrón.”

 

Quizá esa frase grabada a fuego en nuestros cerebros desde que somos niños tenga parte de su origen en esos falsos empresarios que aparecen en los medios de comunicación trajeados con chaquetas de treinta mil euros y con relojes de cincuenta mil. Ah, y por supuesto, conduciendo coches de quinientos mil euros.

Llamemos a las cosas por su nombre.

 

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Puede que cuando comenzaron sus negocios siendo unos pipiolos sí tuvieran espíritu emprendedor (aunque lo dudo: el ladrón nace y mejora con la experiencia), pero hoy en día, cuando son acusados de robar, de malversar, de mentir, de blanquear y demás jerga, lo que son, lisa y llanamente, es unos sinvergüenzas.

Empresario es el autónomo que trabaja catorce horas al día para vivir él y sus tres empleados. Empresaria es la peluquera que da trabajo a diez personas, que no descansa ni en los fines de semana, ni en las vacaciones de Navidad. O el gestor que se lleva el cierre del trimestre a casa y lo termina cuando acuesta a sus hijos.

 

Los emprendedores y los empresarios (y que conste: como en todo en esta vida, los habrá buenos y también terribles, igual que nos encontramos maestros dedicados o frustrados, banqueros amorales o respetuosos…etc.) crean la riqueza del país, forman parte del tejido económico y social igual que la propia cultura. Distingamos pues, entre los que se merecen nuestro respeto porque ganan cada euro con el esfuerzo de sus manos y de su inteligencia, y de los que se han granjeado ser denominados sinvergüenzas porque no hacen otra cosa más que engañar y robar a sus cercanos, esos que conocemos a través de los medios de comunicación.

 

Queridos lectores, pronto más.

María Jeunet.

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