La página en blanco

26/03/2018

Durante los últimos años he compaginado mi labor profesional diaria con escribir ficción, novelas en concreto. He perdido la cuenta de las entrevistas a las que he contestado. Una de las preguntas más frecuentes es si he sufrido alguna vez eso que llaman “el síndrome de la página en blanco”. Es decir, si alguna vez me he enfrentado a una sequía creativa y de ser así, cómo la había superado.

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No escribí mi primera novela hasta los veintinueve, así que quizá pasé todos esos años en dique seco. En realidad dediqué los primeros años de mi vida a formarme y justo después de terminar la universidad, creé la empresa en la que trabajo. Y por una casualidad de esas que parecen una tontería, un día de 2013 llegué a pensar que yo podría escribir una novela con la que los lectores pasasen un buen rato. Probé y la jugada salió decente. Y repetí. Porque la experiencia me maravilló. De un día para otro fui consciente de que mi mente no solo servía para disfrutar leyendo, ¡yo también podía crear! Fue una explosión interior como jamás he sentido. Desde aquellos días he pasado por épocas en las que mi cabeza no dejaba de unir unas neuronas con otras dilucidando nuevas ideas, tramas y personajes para mis novelas.

Pero también he pasado por épocas en las que ni recordaba que también soy esa tal María Jeunet. Hace años acudí a una charla para emprendedores y el conferenciante expresó algo que se me quedó muy profundo, dijo: los emprendedores son especialistas en gestionar tensión. Lo suscribo absolutamente. Lo complicado para la persona que posee su propia empresa (y un escritor no deja de ser eso al cien por cien) es aprender a gestionar sus emociones, sus tensiones, sus miedos, sus euforias…etc. Cuando uno se ve superado por ello la mente se bloquea y es incapaz de crear. Así que si alguna vez sintiese un miedo atroz a la página en blanco, sabría que algo no está yendo bien. No sería feliz y habría de buscar otro camino.

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